domingo, 6 de septiembre de 2015

Samuel Escobar bosquejo del protestantismo peruano





EL PROTESTANTISMO EN EL PERÚ*



ESQUEMA CRONOLÓGICO



La periodización de la historia del Protestantismo peruano que se ha adoptado en esta Guía está basada en la lógica propia del desarrollo histórico de esa minoría religiosa en el Perú. Sin embargo se pueden establecer correlaciones con hitos importantes de la historia de la nación peruana, a partir de la crisis del modelo colonial español y el surgimiento del movimiento emancipador. La historia religiosa del país transcurre dentro del marco de la historia general, en una relación dialéctica con ella. El material más voluminoso de la Guía correspondiente a artículos está agrupado en siete etapas cada una de las cuales se describe brevemente a continuación.



1.  Los precursores y el libro (1822-1849)

Desde la llegada de Diego Thomson hasta la llegada del primer capellán anglicano.



Esta etapa se caracteriza por la presencia de colportores. propagandistas de versiones castellanas de la Sagrada Escritura, que vienen a ser una avanzada de la llegada del Protestantismo al país. Aunque el fin del período colonial español no cambió radicalmente la estructura social y política del Perú, se caracterizó por una creciente difusión de ideas liberales y democráticas entre una pequeña elite criolla. Con ella se relacionaron los pioneros protestantes aunque su presencia fue puramente transitoria. Sin embargo, la penetración de la Biblia y su lectura, dentro de un ambiente de cristiandad, coincide con los comienzos de un liberalismo articulado en el país. Ambos factores pueden haber sido importantes en la creación de una espíritu favorable a la modernización cultural y la libertad religiosa como expresión de un cambio de mentalidad.

La figura dominante de esta etapa de la presencia protestante es la del escocés Diego (James) Thomson, representante de la Sociedad Escolar Británica y Extranjera, y de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera. Thomson había tenido éxito en la creación de escuelas normales basadas en el método monitorial, tanto en Argentina como en Chile. Como se verá en la bibliografía, es una de las figuras mejor estudiadas en este período, y su obra fue continuada por el sacerdote Francisco Navarrete, más bien casi un desconocido. Aunque los colportores que siguieron a Thomson viajaron extensamente por el Perú, no dejaron el mismo volumen de obra escrita que aquél, y su presencia fue más bien esporádica.



II. Del trasplante a la siembra (1849-1888)

Desde la llegada del primer capellán anglicano hasta la Ile goda de

Francisco Penzotti para esta blecerse en Luna al servicio de una iglesia protestante nacional.



Esta etapa de expansión de los capitales británicos en el país significa la llegada de gran número de comerciantes, técnicos y hombres de empresa del mundo anglosajón. En 1849 se establece en e! país John G. Pearson, capellán de la Iglesia Anglicana para servir a los súbditos británicos residentes en el país. La resistencia de la Iglesia Católica Romana se vence en parte por la existencia de ideas favorables a la inmigración entre



sectores liberales que la veían como factor de desarrollo y progreso. El capellán anglicano es el pastor de una iglesia trasplantada, cuya presencia es tolerada porque realiza sus actividades en el idioma inglés, y no trae intenciones de propagar su fe entre los nacionales. Sin embargo, esta presencia con el tiempo servirá de punto de contacto a la llegada de misioneros.



Pasada la grave crisis de la guerra con Chile se busca una reconstrucción del país y se critica severamente el pasado. La figura de González Prada y su discurso fuertemente anticlerical llegarían a marcar el ambiente intelectual de este período. Por otra parte, la existencia de empresas extranjeras y el aumento de viajes hacia Norteamérica y Europa permite a un número pequeño pero creciente de peruanos de diversa condición social el trato, en su propio país o en el extranjero, con personas de credo religioso distinto. La disidencia religiosa adquiere así una presencia real aunque reducida. Esto no pasa inadvertido al colportor ítalo-uruguayo Francisco Penzotti, quien realiza viajes por el Perú en 1884 y 1886. Es así que se puede considerar como la culminación de esta etapa la llegada de Penzotti al Perú en julio de 1888, como agente de la Sociedad Bíblica Americana para la costa del Pacífico. Esta vez viene con su familia, a fin de establecerse en el país. Además de difundir la Biblia, Penzotti prestará sus servicios a una congregación protestante de habla castellana en el Callao.



III. Un pueblo en busca de su libertad (1888-1915)

Desde la llegada de Francisco Penzotti hasta la modificación del artículo 4 de la Constitución peruana.



Dentro del marco socio-económico creado por las inversiones extranjeras directas en el transporte, minería y agricultura de exportación, surgen nuevas clases eii la actividad económica y política, y desde Lima se redescubre el resto del país, y se empieza a avanzar hacia la conquista de la frontera interior. Con la presidencia de Nicolás de Pterola se inicia una etapa de continuidad de gobiernos civiles en la cual se insiste en la modernización económica y la democratización del país, para lo cual factores como la educación, las publicaciones la inmigración y la elevación de las comunidades indígenas resultaban necesarios. La existencia de una comunidad peruana de disidentes pone sobre el tapete la cuestión de la libertad religiosa en el país, la cual hasta ese momento había sido parte de la agenda teórica de pensadores liberales. Tanto la hostilidad de la crítica liberal anticlerical, como la presencia de la disidencia religiosa, tienen un efecto catalizador en el seno de la Iglesia Católica Romana. Este período de reafirmación católica durante la República Aristocrática se caracteriza por una gran efervescencia ideológica que resulta marco favorable a los comienzos de una sociedad más pluralista.



El proceso contra el colportor Francisco Penzotti saca a luz la existencia de una minoría protestante decidida a mantener su identidad y buscar los cambios legislativos que le permitan una existencia legal. Varias misiones evangélicas empiezan a llegar al país, y su presencia despierta polémicas no sólo en el Callao y en Lima, sino también en ciudades como Cusco, Arequipa y Puno. Metodistas como el norteamericano Tomás B. Wood y su familia, e independientes como el escocés Juan Ritchie, además de fundar escuelas y publicar periódicos de opinión, establecen contacto con liberales y masones y participan de la efervescencia ideológica de las primeras décadas del siglo. La receptividad hacia los evangélicos en el Sur alcanza a personas de la clase letrada como el arequipeño Eduardo Forga y a inquietos campesinos aymarás como el puneño Manuel Zúñiga Camacho. La alianza coyuntural entre protestantes, liberales y masones culmina con una batalla parlamentaria por la modificación del artículo 4 de la Constitución, lo cual se logra en 1915. Así se llega a un régimen de tolerancia religiosa que pone fin a la exclusividad legal de la Iglesia Católica, permitiendo el culto en privado de otras iglesias. Esto marca el inicio de una nueva etapa de expansión protestante.



IV El impacto múltiple de los evangélicos (1915-1940)

Desde la modificación del artículo 4 de la Constitución hasta la formación del Concilio Nacional Evangélico del Perú.



La tolerancia religiosa legal en el Perú se había conseguido en un período de efervescencia civil e ideológica en Lima y de rebeldía indígena en el sur del país, en las cuales participaroñ protestantes peruanos como el metodista Ruperto Algorta y el adventista Eduardo Forga. El avance del Perú hacia sus fronteras interiores continúa y durante el largo régimen de Augusto B. Leguía que busca una modernización en alianza con nuevas clases y en estrecha dependencia del capital norteamericano que se había expandido en el país. Leguía choca con la generación intelectual del Centenario de la Independencia, la cual se había embarcado en un trabajo de comprensión crítica de la historia peruana, buscando aliarse con la creciente masa obrera urbana y los campesinos en el interior. La presencia misionera protestante no es ajena a este movimiento.



Al año siguiente del logro de la tolerancia religiosa, se realiza el Congreso Evangélico de Panamá (1916), una reunión de las principales misiones e iglesias evangélicas existentes hasta ese momento en América Latina. Los protestantes peruanos están representados en el evento, y la ocasión les permite una evaluación de sus proyectos hasta ese momento. Uno de los resultados del Congreso es la coordinación del esfuerzo misionero protestante en América Latina tanto respecto a ubicación geográfica, como a metodologías particulares. Los acuerdos de Panamá repercuten en un trabajo más organizado e integral de las misiones evangélicas en el Perú, cada una de las cuales se concentra en una región distinta del país.



El arraigo de un catolicismo conservador en diversos sectores sociales lleva a algunas misiones a concentrarse en grupos marginalizados y en zonas remotas. Además dél establecimiento de iglesias basadas en la Biblia, lo cual demanda de hecho la difusión de la alfabetización, los misioneros se embarcan en proyectos de educación, salud y extensión agrícola. Por otra parte, la llegada del educador escocés Juan A. Mackay (1916) intensifica los contactos protestantes con la clase estudiantil e intelectual en Lima. Mackay y varios misioneros que le siguen se gradúan en la Universidad de San Marcos y luego pasan a ejercer la docencia en ella. Líderes juveniles inquietos como Haya de la Torre y Mariátegui y el grupo de «La Protervia», reciben la influencia de Mackay, si bien no llegan a identificarse con el Protestantismo.



La respuesta favorable de un número creciente de peruanos, especialmente de las clases urbanas media y baja, y de sectores indígenas en el sur y centro del país, dan lugar a un crecimiento numérico lento pero persistente de fieles de iglesias evangélicas. El trabajo misionero con cierta medida de coordinación y consulta desde 1916, permite en 1940 la formación del Concilio Nacional Evangélico del Perú (CONEP), organismo representativo del Protestantismo peruano. Su fundación marca bien la culminación de otra etapa.



V.   Un protestantismo criollo (1940-19 67)

Desde la formación del CONEP hasta la realización de la campaña de evangelización denominada «Evangelismo a Fondo».



La Segunda Guerra Mundial determinará la completa hegemonía económica de los Estados Unidos en el Perú, como en el resto del continente americano, pero también la política del Buen Vecino del presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt contribuirá a un ambiente más propicio a la aceptación de caminos democráticos para la vida política. Durante el período de posguerra la presencia misionera norteamericana, tanto protestante como católica, crece, y se intensifica cuando el régimen de Mao-Tse-Tung en China cierra sus fronteras a la influencia misionera extranjera (1948). Llegan al Perú nuevas denominaciones y nuevas agencias de servicio.



Un principio fundamental del modelo protestante de misión es la movilización de los laicos para las tareas eclesiásticas, y la capacitación de un pastorado nacional en el más breve plazo. Los esfuerzos de fundación de iglesias de las diversas misiones iban vinculados a programas diversos de capacitación de líderes y pastores, generalmente llamados institutos bíblicos. Ello determina que durante esta etapa en las iglesias más antiguas ya haya una generación de líderes nacionales y que las misiones vayan cediendo la dirección de su trabajo en el país a ese liderazgo nacional.



La mjrración desde el interior, especialmente desde la zona andina hacia Lima, aumentó vertirinosamente en esta etapa y ello fue un factor determinante del crecimiento acelerado de las iglesias de tipo pentecostal. Este mismo fenómeno se estaba dando en toda América Latina, y los estrategas misioneros evangélicos fueron creando metodologías de trabajo que aprovechaban los medios de comunicación y las reuniones masivas para complementar el trabajo individual y de puerta en puerta que había caracterizado la etapa anterior. Durante todo el alio de 1967 se realiza en el Perú una movilización evangélica siguiendo los lineamientos de  «Evangelismo a Fondo» que habían sido probados por Kenneth Strachan en Nicaragua. Este movimiento demuestra la existencia de una generación de líderes evangélicos peruanos y de comunidades con gran vitalidad en todas las regiones del país y por ello marca la culminación de una etapa en la cual el protestantismo peruano ya había adquirido fisonornia propia.



VI.  De la marginación al compromiso (1967-1984)

Desde el año de «Evangelismo a Fondo» hasta la formación de la Comisión «Paz y Esperanza».



Al alio siguiente de Evangelismo a Fondo, la revolución militar encabezada por el general Juan Velasco Alvarado pone en evidencia que la conciencia de subdesarrollo y las tensiones sociales eran incontenibles dentro de los canales del proceso político tradicional. El Perú estaba sacudido por el crecimiento poblacional, las profundas diferencias sociales, la persistencia de patrones feudales de relación en el interior y los vientos revolucionarios desatados por la revolución castrista en Cuba y por el fracaso de la Alianza para el Progreso. La revolución militar adoptó una retórica nacionalista y se propuso un plan de reformas estructurales del país.



La influencia del pensamiento social católico europeo de vanguardia y la militancia social de misioneros católicos norteamericanos y europeos tuvo su efecto en sectores dirigentes de la Iglesia Católica. El surgimiento de una conciencia social crítica dio origen a las teologías de la liberación que fueron acogidas con simpatía por un sector de la jerarquía católica. Se desataron polémicas en el país que también repercutieron en el ámbito evangélico. La mentalidad de guerra fría de cienos sectores misioneros entró en tensión con la de las nuevas generaciones de líderes evangélicos formados en los grupos universitarios, que buscaban en cambio el ejercicio de una misión integral. En el seno del CONEP importantes sectores de liderazgo evangélico nacional, cuya vida diaria



estaba marcada por la misma peripecia social que la del resto del pueblo peruano, no encontraron incompatibilidad entre la fidelidad a su tradición evangélica y su ingreso como actores en la vida política nacional.



Desde 1959 había habido presencia evangélica en el Congreso de la República con José Ferreira García, primero Diputado y luego Senador. Esta actividad se amplía hacia la participación política de crecientes sectores evangélicos en el proceso de regreso a un régimen civil y elección de una Asamblea Constituyente en la cual participa un constituyente evangélico en 1979. El ejercicio de una misión integral desde las filas del Protestantismo se puso a prueba cuando arreció la violencia de Sendero Luminoso en el interior. La crisis de terrorismo y violencia represiva puso a los evangélicos de las zonas de emergencia entre las víctimas inocentes, y los llevó a la primera plana de los periódicos. En lugares apartados de la sierra central las iglesias evangélicas constituían muchas veces la única fuerza organizada capaz de ofrecer resistencia ideológica al terror senderista. La formación de la Comisión «Paz y Esperanza» para responder a la crisis en 1984 resume bien la dinámica de esta nueva etapa.



VII. Promesa y precariedad del protestantismo peruano (1984 en adelante)

Desde la formación del programa «Paz y Esperanza» hasta el presente.



El trabajo de «Paz y Esperanza» en el servicio a desplazados por el terrorismo y en la defensa de los Derechos Humanos saca a luz la capacidad evangélica de movilización de personas y recursos a nivel nacional y su potencial como fuerza política. Por otra parte, el descalabro del gobierno de Alan García y la agudización de la violencia política crean un clima de desilusión y desconfianza frente a los partidos políticos tradicionales. Nuevos actores políticos como Alberto Fujimori buscan con insistencia conectarse con los evangélicos, y la limitada experiencia política de estos permite la manipulación de sus votos que hacen posible la llegada de Fujimori como segundo a la primero vuelta en las elecciones de 1990. La violenta oposición de la jerarquía católica romana lleva a Fujimori a distanciarse de los evangélicos, aunque la manipulación del voto persiste en la segunda vuelta debido a la presencia de candidatos evangélicos en las listas del movimiento de Fujimori.

Los efectos de la caída del muro de Berlín y el fracaso de la guerrilla senderista coinciden con los brotes de nuevas formas de religiosidad que acompañan el desborde social de esta década. Junto al protestantismo tradicional y al movimiento pentecostal cuya presencia se ha multiplicado, aparecen nuevos grupos e iglesias de tipo carismático, varias de ellas sin arraigo protestante. Estas responden al período de transición social hacia la posmodernidad en las áreas urbanas con métodos modernos de propaganda y organización de recursos humanos y materiales. Junto con el impacto del neoliberalismo económico y el desprestigio de los partidos políticos tradicionales se da un «apoliticismo» que las nuevas iglesias y denominaciones intentan imponer en el movimiento protestante.



Por otra parte. la pobre y limitada actuación de los políticos de origen evangélico en el nuevo régimen surgido en 1990, en el golpe de estado de 1992. x’ en el proceso que le siguió favorecen el espiritualismo «apolítico» de las nuevas iglesias. Surgen tensiones en el CONEP que reflejan la compleja variedad del protestantismo y su debilidad institucional. Bien puede decirse que en esta etapa se refleja la precariedad del protestantismo realmente existente que contrasta con la promesa casi utópica de los fundadores del mismo a comienzos de siglo.





* Tomado de: ESCOBAR Samuel, Protestantismo en el Perú, Guía Bibliográfica y de Fuentes, Lima, Ediciones Puma, 2001, pag 19-23.

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