ESQUEMA CRONOLÓGICO
La periodización de la historia del Protestantismo
peruano que se ha adoptado en esta Guía está basada en la lógica propia del
desarrollo histórico de esa minoría religiosa en el Perú. Sin embargo se pueden
establecer correlaciones con hitos importantes de la historia de la nación
peruana, a partir de la crisis del modelo colonial español y el surgimiento del
movimiento emancipador. La historia religiosa del país transcurre dentro del
marco de la historia general, en una relación dialéctica con ella. El material
más voluminoso de la Guía correspondiente a artículos está agrupado en siete
etapas cada una de las cuales se describe brevemente a continuación.
1. Los precursores y el libro (1822-1849)
Desde la llegada de
Diego Thomson hasta la llegada del primer capellán anglicano.
Esta etapa se caracteriza por la presencia de
colportores. propagandistas de versiones castellanas de la Sagrada Escritura,
que vienen a ser una avanzada de la llegada del Protestantismo al país. Aunque
el fin del período colonial español no cambió radicalmente la estructura social
y política del Perú, se caracterizó por una creciente difusión de ideas
liberales y democráticas entre una pequeña elite criolla. Con ella se
relacionaron los pioneros protestantes aunque su presencia fue puramente
transitoria. Sin embargo, la penetración de la Biblia y su lectura, dentro de
un ambiente de cristiandad, coincide con los comienzos de un liberalismo
articulado en el país. Ambos factores pueden haber sido importantes en la
creación de una espíritu favorable a la modernización cultural y la libertad
religiosa como expresión de un cambio de mentalidad.
La figura dominante de esta etapa de la presencia
protestante es la del escocés Diego (James) Thomson, representante de la
Sociedad Escolar Británica y Extranjera, y de la Sociedad Bíblica Británica y
Extranjera. Thomson había tenido éxito en la creación de escuelas normales
basadas en el método monitorial, tanto en Argentina como en Chile. Como se verá
en la bibliografía, es una de las figuras mejor estudiadas en este período, y
su obra fue continuada por el sacerdote Francisco Navarrete, más bien casi un
desconocido. Aunque los colportores que siguieron a Thomson viajaron
extensamente por el Perú, no dejaron el mismo volumen de obra escrita que
aquél, y su presencia fue más bien esporádica.
II. Del trasplante a la siembra (1849-1888)
Desde la llegada del
primer capellán anglicano hasta la Ile goda de
Francisco Penzotti
para esta blecerse en Luna al servicio de una iglesia protestante nacional.
Esta etapa de expansión de los capitales británicos en
el país significa la llegada de gran número de comerciantes, técnicos y hombres de
empresa del mundo anglosajón. En 1849 se establece en e! país John G. Pearson,
capellán de la Iglesia Anglicana para servir a los súbditos británicos
residentes en el país. La resistencia de la Iglesia Católica Romana se vence en
parte por la existencia de ideas favorables a la inmigración entre
sectores liberales que la veían como factor de
desarrollo y progreso. El capellán anglicano es el pastor de una iglesia
trasplantada, cuya presencia es tolerada porque realiza sus actividades en el
idioma inglés, y no trae intenciones de propagar su fe entre los nacionales.
Sin embargo, esta presencia con el tiempo servirá de punto de contacto a la
llegada de misioneros.
Pasada la grave crisis de la guerra con Chile se busca
una reconstrucción del país y se critica severamente el pasado. La figura de
González Prada y su discurso fuertemente anticlerical llegarían a marcar el
ambiente intelectual de este período. Por otra parte, la existencia de empresas
extranjeras y el aumento de viajes hacia Norteamérica y Europa permite a un
número pequeño pero creciente de peruanos de diversa condición social el trato,
en su propio país o en el extranjero, con personas de credo religioso distinto.
La disidencia religiosa adquiere así una presencia real aunque reducida. Esto
no pasa inadvertido al colportor ítalo-uruguayo Francisco Penzotti, quien realiza
viajes por el Perú en 1884 y 1886. Es así que se puede considerar como la
culminación de esta etapa la llegada de Penzotti al Perú en julio de 1888, como
agente de la Sociedad Bíblica Americana para la costa del Pacífico. Esta vez
viene con su familia, a fin de establecerse en el país. Además de difundir la
Biblia, Penzotti prestará sus servicios a una congregación protestante de habla
castellana en el Callao.
III. Un pueblo en busca de su libertad (1888-1915)
Desde la llegada de
Francisco Penzotti hasta la modificación del artículo 4 de la Constitución
peruana.
Dentro del marco socio-económico creado por las
inversiones extranjeras directas en el transporte, minería y agricultura de
exportación, surgen nuevas clases eii la actividad económica y política, y
desde Lima se redescubre el resto del país, y se empieza a avanzar hacia la
conquista de la frontera interior. Con la presidencia de Nicolás de Pterola se
inicia una etapa de continuidad de gobiernos civiles en la cual se insiste en
la modernización económica y la democratización del país, para lo cual factores
como la educación, las publicaciones la inmigración y la elevación de las
comunidades indígenas resultaban necesarios. La existencia de una comunidad
peruana de disidentes pone sobre el tapete la cuestión de la libertad religiosa
en el país, la cual hasta ese momento había sido parte de la agenda teórica de
pensadores liberales. Tanto la hostilidad de la crítica liberal anticlerical,
como la presencia de la disidencia religiosa, tienen un efecto catalizador en
el seno de la Iglesia Católica Romana. Este período de reafirmación católica
durante la República Aristocrática se caracteriza por una gran efervescencia
ideológica que resulta marco favorable a los comienzos de una sociedad más
pluralista.
El proceso contra el colportor Francisco Penzotti saca
a luz la existencia de una minoría protestante decidida a mantener su identidad
y buscar los cambios legislativos que le permitan una existencia legal. Varias
misiones evangélicas empiezan a llegar al país, y su presencia despierta
polémicas no sólo en el Callao y en Lima, sino también en ciudades como Cusco,
Arequipa y Puno. Metodistas como el norteamericano Tomás B. Wood y su familia,
e independientes como el escocés Juan Ritchie, además de fundar escuelas y
publicar periódicos de opinión, establecen contacto con liberales y masones y
participan de la efervescencia ideológica de las primeras décadas del siglo. La
receptividad hacia los evangélicos en el Sur alcanza a personas de la clase
letrada como el arequipeño Eduardo Forga y a inquietos campesinos aymarás como
el puneño Manuel Zúñiga Camacho. La alianza coyuntural entre protestantes,
liberales y masones culmina con una batalla parlamentaria por la modificación
del artículo 4 de la Constitución, lo cual se logra en 1915. Así se llega a un
régimen de tolerancia religiosa que pone fin a la exclusividad legal de la
Iglesia Católica, permitiendo el culto en privado de otras iglesias. Esto marca
el inicio de una nueva etapa de expansión protestante.
IV El impacto múltiple de los evangélicos (1915-1940)
Desde la modificación del artículo
4 de la Constitución hasta la formación del Concilio Nacional Evangélico del
Perú.
La tolerancia religiosa legal en el Perú se había
conseguido en un período de efervescencia civil e ideológica en Lima y de
rebeldía indígena en el sur del país, en las cuales participaroñ protestantes
peruanos como el metodista Ruperto Algorta y el adventista Eduardo Forga. El
avance del Perú hacia sus fronteras interiores continúa y durante el largo
régimen de Augusto B. Leguía que busca una modernización en alianza con nuevas
clases y en estrecha dependencia del capital norteamericano que se había
expandido en el país. Leguía choca con la generación intelectual del Centenario
de la Independencia, la cual se había embarcado en un trabajo de comprensión
crítica de la historia peruana, buscando aliarse con la creciente masa obrera
urbana y los campesinos en el interior. La presencia misionera protestante no
es ajena a este movimiento.
Al año siguiente del logro de la tolerancia religiosa,
se realiza el Congreso Evangélico de Panamá (1916), una reunión de las
principales misiones e iglesias evangélicas existentes hasta ese momento en
América Latina. Los protestantes peruanos están representados en el evento, y
la ocasión les permite una evaluación de sus proyectos hasta ese momento. Uno
de los resultados del Congreso es la coordinación del esfuerzo misionero
protestante en América Latina tanto respecto a ubicación geográfica, como a
metodologías particulares. Los acuerdos de Panamá repercuten en un trabajo más
organizado e integral de las misiones evangélicas en el Perú, cada una de las
cuales se concentra en una región distinta del país.
El arraigo de un catolicismo conservador en diversos sectores
sociales lleva a algunas misiones a concentrarse en grupos marginalizados y en
zonas remotas. Además dél establecimiento de iglesias basadas en la Biblia, lo
cual demanda de hecho la difusión de la alfabetización, los misioneros se
embarcan en proyectos de educación, salud y extensión agrícola. Por otra parte,
la llegada del educador escocés Juan A. Mackay (1916) intensifica los contactos
protestantes con la clase estudiantil e intelectual en Lima. Mackay y varios
misioneros que le siguen se gradúan en la Universidad de San Marcos y luego
pasan a ejercer la docencia en ella. Líderes juveniles inquietos como Haya de
la Torre y Mariátegui y el grupo de «La Protervia», reciben la
influencia de Mackay, si bien no llegan a identificarse con el Protestantismo.
La respuesta favorable de un número creciente de
peruanos, especialmente de las clases urbanas media y baja, y de sectores
indígenas en el sur y centro del país, dan lugar a un crecimiento numérico
lento pero persistente de fieles de iglesias evangélicas. El trabajo misionero
con cierta medida de coordinación y consulta desde 1916, permite en 1940 la
formación del Concilio Nacional Evangélico del Perú (CONEP), organismo
representativo del Protestantismo peruano. Su fundación marca bien la
culminación de otra etapa.
V. Un protestantismo criollo (1940-19 67)
Desde la formación del
CONEP hasta la realización de la campaña de evangelización denominada
«Evangelismo a Fondo».
La Segunda Guerra
Mundial determinará la completa hegemonía económica de los Estados Unidos en el
Perú, como en el resto del continente americano, pero también la política del
Buen Vecino del presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt contribuirá a
un ambiente más propicio a la aceptación de caminos democráticos para la vida
política. Durante el período de posguerra la presencia misionera
norteamericana, tanto protestante como católica, crece, y se intensifica cuando
el régimen de Mao-Tse-Tung en China cierra sus fronteras a la influencia
misionera extranjera (1948). Llegan al Perú nuevas denominaciones y nuevas
agencias de servicio.
Un principio fundamental del modelo protestante de
misión es la movilización de los laicos para las tareas eclesiásticas, y la
capacitación de un pastorado nacional en el más breve plazo. Los esfuerzos de
fundación de iglesias de las diversas misiones iban vinculados a programas
diversos de capacitación de líderes y pastores, generalmente llamados
institutos bíblicos. Ello determina que durante esta etapa en las iglesias más
antiguas ya haya una generación de líderes nacionales y que las misiones vayan
cediendo la dirección de su trabajo en el país a ese liderazgo nacional.
La mjrración
desde el interior, especialmente desde la zona andina hacia Lima, aumentó
vertirinosamente en esta etapa y ello fue un factor determinante del
crecimiento acelerado de las iglesias de tipo pentecostal. Este mismo fenómeno
se estaba dando en toda América Latina, y los estrategas misioneros evangélicos
fueron creando metodologías de trabajo que aprovechaban los medios de comunicación
y las reuniones masivas para complementar el trabajo individual y de puerta en
puerta que había caracterizado la etapa anterior. Durante todo el alio de 1967
se realiza en el Perú una movilización evangélica siguiendo los lineamientos de «Evangelismo a Fondo» que habían sido
probados por Kenneth Strachan en Nicaragua. Este movimiento demuestra la
existencia de una generación de líderes evangélicos peruanos y de comunidades
con gran vitalidad en todas las regiones del país y por ello marca la culminación
de una etapa en la cual el protestantismo peruano ya había adquirido fisonornia
propia.
VI. De la marginación al compromiso (1967-1984)
Desde el año de
«Evangelismo a Fondo» hasta la formación de la Comisión «Paz y Esperanza».
Al alio siguiente de Evangelismo a Fondo, la
revolución militar encabezada por el general Juan Velasco Alvarado pone en
evidencia que la conciencia de subdesarrollo y las tensiones sociales eran
incontenibles dentro de los canales del proceso político tradicional. El Perú estaba
sacudido por el crecimiento poblacional, las profundas diferencias sociales, la
persistencia de patrones feudales de relación en el interior y los vientos
revolucionarios desatados por la revolución castrista en Cuba y por el fracaso
de la Alianza para el Progreso. La revolución militar adoptó una retórica
nacionalista y se propuso un plan de reformas estructurales del país.
La influencia del pensamiento social
católico europeo de vanguardia y la militancia social de misioneros católicos
norteamericanos y europeos tuvo su efecto en sectores dirigentes de la Iglesia
Católica. El surgimiento de una conciencia social crítica dio origen a las
teologías de la liberación que fueron acogidas con simpatía por un sector de la
jerarquía católica. Se desataron polémicas en el país que también repercutieron
en el ámbito evangélico. La mentalidad de guerra fría de cienos sectores
misioneros entró en tensión con la de las nuevas generaciones de líderes
evangélicos formados en los grupos universitarios, que buscaban en cambio el
ejercicio de una misión integral. En el seno del CONEP importantes sectores de
liderazgo evangélico nacional, cuya vida diaria
estaba marcada por la misma peripecia social que la
del resto del pueblo peruano, no encontraron incompatibilidad entre la
fidelidad a su tradición evangélica y su ingreso como actores en la vida
política nacional.
Desde 1959 había habido presencia evangélica en el
Congreso de la República con José Ferreira García, primero Diputado y luego
Senador. Esta actividad se amplía hacia la participación política de crecientes
sectores evangélicos en el proceso de regreso a un régimen civil y elección de
una Asamblea Constituyente en la cual participa un constituyente evangélico en
1979. El ejercicio de una misión integral desde las filas del Protestantismo se
puso a prueba cuando arreció la violencia de Sendero Luminoso en el interior.
La crisis de terrorismo y violencia represiva puso a los evangélicos de las
zonas de emergencia entre las víctimas inocentes, y los llevó a la primera
plana de los periódicos. En lugares apartados de la sierra central las iglesias
evangélicas constituían muchas veces la única fuerza organizada capaz de
ofrecer resistencia ideológica al terror senderista. La formación de la
Comisión «Paz y Esperanza» para responder a la crisis en 1984 resume
bien la dinámica de esta nueva etapa.
VII. Promesa y precariedad del protestantismo
peruano (1984 en adelante)
Desde la formación del
programa «Paz y Esperanza» hasta el presente.
El trabajo de «Paz y Esperanza» en el servicio a
desplazados por el terrorismo y en la defensa de los Derechos Humanos saca a
luz la capacidad evangélica de movilización de personas y recursos a nivel
nacional y su potencial como fuerza política. Por otra parte, el descalabro del
gobierno de Alan García y la agudización de la violencia política crean un
clima de desilusión y desconfianza frente a los partidos políticos
tradicionales. Nuevos actores políticos como Alberto Fujimori buscan con
insistencia conectarse con los evangélicos, y la limitada experiencia política
de estos permite la manipulación de sus votos que hacen posible la llegada de
Fujimori como segundo a la primero vuelta en las elecciones de 1990. La
violenta oposición de la jerarquía católica romana lleva a Fujimori a distanciarse
de los evangélicos, aunque la manipulación del voto persiste en la segunda
vuelta debido a la presencia de candidatos evangélicos en las listas del
movimiento de Fujimori.
Los efectos de la caída del muro de Berlín y el
fracaso de la guerrilla senderista coinciden con los brotes de nuevas formas de
religiosidad que acompañan el desborde social de esta década. Junto al
protestantismo tradicional y al movimiento pentecostal cuya presencia se ha
multiplicado, aparecen nuevos grupos e iglesias de tipo carismático, varias de
ellas sin arraigo protestante. Estas responden al período de transición social
hacia la posmodernidad en las áreas urbanas con métodos modernos de propaganda
y organización de recursos humanos y materiales. Junto con el impacto del
neoliberalismo económico y el desprestigio de los partidos políticos
tradicionales se da un «apoliticismo» que las nuevas iglesias y denominaciones
intentan imponer en el movimiento protestante.
Por
otra parte. la pobre y limitada actuación de los políticos de origen evangélico
en el nuevo régimen surgido en 1990, en el golpe de estado de 1992. x’ en el
proceso que le siguió favorecen el espiritualismo «apolítico» de las nuevas
iglesias. Surgen tensiones en el CONEP que reflejan la compleja variedad del protestantismo
y su debilidad institucional. Bien puede decirse que en esta etapa se refleja
la precariedad del protestantismo realmente existente que contrasta con la
promesa casi utópica de los fundadores del mismo a comienzos de siglo.
* Tomado de: ESCOBAR Samuel, Protestantismo en el Perú, Guía
Bibliográfica y de Fuentes, Lima, Ediciones Puma, 2001, pag 19-23.
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